Hay una inversión que frena a mucha gente: esperar a tener energía para entrenar. Fisiológicamente es al revés. El movimiento mejora la eficiencia del corazón, aumenta la densidad mitocondrial y la oxigenación — en pocas semanas la misma tarea te cuesta menos del día.
Quien entrena temprano reporta más foco por la mañana; quien entrena al final del día suele dormir mejor. No existe el horario perfecto, existe el que sobrevive a tu agenda.
Y empezar hoy vale más que empezar perfecto el lunes. Veinte minutos cuentan. El cuerpo responde al estímulo, no al plan escrito en el cuaderno.
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